Confieso que me olvidé de rezar, pero no de pedir.Pido por los que a fuerza de sufrir se olvidaron ya de pedir.
Confieso que jamás me he confesado. Y confieso que es cierto.
Este blog existe porque existen los instantes, que son algo así como una imagen fija de un momento de nuestra existencia. Y existe porque existen las palabras, esas comunicadoras que se entrelazan para contarte cosas y para contar contigo...
- Como te decía, hay que guardar las apariencias porque, aunque no lo creas, mucha gente puede estar mirándonos ahora mismo, y no siempre con buenos ojos.
No se acostumbra a su asuencia y hoy, veinte años después, sigue pidiendo dos cafés. Como siempre, mientras contempla la cara estupefacta del camarero que busca con la mirada, le ruega amablemente que uno de ellos sea sin azúcar, por favor.
Me cautivó tu interior, tus idas y venidas, tus movimientos precisos, tus silencios, tu vorágine instantánea, esa suerte de monótona travesía de destinos calculados,... Mientras te pensaba supe que te irías rápido, como llegaste, casi sin avisar. Así que corrí y corrí, pero para cuando pude alcanzarte y sin que pudiera decir palabra alguna, cerraste tus puertas con estrépito ante mis narices. Sin más profundidades he de decirte que en el fondo, entre tú y yo, sólo hubo oscuridad.
Pozo de agua en la casa de la madre de Alonso, en Cáceres.